No es nuevo, recordemos los años 30 del siglo pasado, y aunque han intentado lavar su imagen cambiando la "indumentaria tipo" o buscando discursos de corte pragmático siguen fomentando el odio al diferente por la condición que sea.
En aquella década con la Guerra Civil española y su elongación en la II Guerra Mundial, la situación no era muy diferente de la actual, crisis económica que llevo a muchas familias a la ruina, la bolsa se desplomó, los banqueros enriquecidos y el pueblo empobrecido, una situación que E.E.U.U exportó a Europa. Además tenemos que añadir el descontento de la población alemana con la situación paupérrima del país por las deudas contraídas tras la I Guerra Mundial. Y es en esta situación dónde nacen el fascismo, el nazismo y el franquismo, tres ideologías parejas aunque diferenciadas basadas en el populismo y en la visión del poder desde un punto de vista decimonónico y colonial. Pero había un par de elementos que les hacían aún más peligrosos la eugenesia que provoca la deshumanización del diferente (es difícil matar a un igual, pero si está por debajo es otro cantar) y la forma que tenían para unir a un pueblo: el enemigo común. Sea éste el comunismo, el sionismo o el Islam, preguntad a nuestros amigos los americanos ellos saben de lo que hablo.
No es de extrañar que estas ideologías calaran en las sociedades empobrecidas y con poca tradición democrática y que fueran relegadas a marginales en las democracias, marginales sí pero no excluidas, podemos observar al partido nazi de Gran Bretaña o la multitud de simpatizantes que tuvieron en EEUU y Francia.
Ataques como los registrados estos últimos meses en Valladolid (tras la apertura de una sede de Democracia Nacional en dicha ciudad) o como los vividos en Francia tras la aprobación del matrimonio homosexual ponen de manifiesto la verdaderas intenciones de estos grupos.
Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla.
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